Los bebés que toman el pecho lloran más

Ya sabéis todas que lo mejor es amamantar al bebé hasta, mínimo, los seis meses, y es que la leche materna posee unos nutrientes que no poseen las leches industriales. Pues bien, asimismo habréis notado (si tenéis dos hijos y a uno le habéis dado el pecho y a otro no) que los bebés amamantados son más llorones, lo cual nos inquieta mucho a las madres porque no sabemos porqué se origina ese llanto.

Pues bien, según dicen unos científicos, el llanto del bebé amamantado se origina por cansancio y no por hambre, vamos, que no nos preocupemos si el pequeño se toma todas las tomas y queda harto.

Pero claro, os preguntaréis, ¿Por qué no lloran tanto los niños alimentados con leches industriales? Pues la razón es muy simple y es que se cree que estos niños están sobrealimentados, vamos, que comen más de lo que deberían, y es por eso por lo que siempre se quedan dormidos y lloran menos, lo cual, ambicionemos o no, no es demasiado sano.
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Las cosquillas tienen sus ventajas

Todos conocemos que los niños, al igual que el aire que respiran, requieren nuestros mimos, abrazos e incluso nuestras pequeñas regañinas, y es que eso es lo que hace que el pequeño de la casa crezca saludablemente y tenga una adolescencia sana.

Como iba indicando, todos estos gestos poseen sus beneficios en el pequeño, y hoy vamos a saber los beneficios que le facilitan al niño el hecho de jugar a hacer cosquillas.

El beneficio importante lo hallamos en el plano emocional, ya que se crea una confidencialidad entre los padres y el niño muy grande. Esto sucede porque al hacernos cosquillas nuestros cuerpos están en contacto, que es lo que hace que se origine esa empatía y esa confiabilidad de la que os estoy hablando.

Parto en el agua

El parto en el agua es una opción al parto habitual que muchas futuras mamás se trazan. Después de ver este agraciado vídeo de un parto en el agua, ganador del “Documentary Birth Award” seguro que describirá con más seguidores.

Son imágenes conmovedoras de un parto en un hospital en el que la madre está sumergida en una bañera transparente llena de agua a unos 37 grados, la temperatura corporal, para impedir cambios bruscos de temperatura para el bebé.

El parto transcurre muy sereno, en intimidad, con supervisión profesional pero sin intervención, ya que incluso cuando aparece la cabecita es la propia madre quien recibe al bebé.